Interés negativo y RBU

La pregunta del millón siempre es la misma… ¿De dónde vamos a sacar el dinero para pagar la RBU? Y la respuesta, repetida hasta la saciedad, no puede ser otra: el dinero no existe, es un invento social. O dicho de otra forma, el dinero va a salir de donde sale siempre, de los bancos centrales, que son los que lo crean.

Esto, que el dinero saldrá de los bancos centrales, creo que está ya suficientemente claro y extensamente aceptado. La cuestión ahora es ver cómo va a suceder esto. La norma básica del liberalismo es que los bancos no le ‘dan’ dinero a los estados. Se lo prestan. Y los estados, respetando las normas de juego, deben devolver ese dinero. Con lo cual, su endeudamiento ha de ser limitado.

Con lo cual, en base a esta premisa, es imposible financiar la RBU de forma indefinida con la deuda del país. A no ser que el tipo de interés de esa deuda sea negativo.

Veamos un caso concreto, por ejemplo grecia, y estimemos una RBU de 1000 € mensuales por persona. Diez millones de personas viven en grecia actualmente. Por lo que una RBU de 1000€ tendría un coste de 10.000 millones mensuales, 120.000 millones anuales. Imaginemos un interés negativo de un 2%. Una deuda pública de 6 billones de euros (20 veces la actual, y más de 30 veces el PIB de grecia) permitiría financiar de forma neta la RBU. Pero hemos de tener en cuenta que ese dinero, esa RBU, va a incidir en la economía del país, en el consumo, en la producción, en la demanda interna y externa, y va a generar movimiento, riqueza y, obviamente impuestos, con lo que a la postre, probablemente sea necesaria una deuda y un tipo de interés muchísimo menores.

Este mecanismo de redistribución de la riqueza ya se ha puesto en marcha. El BCE ha mantenido estable el IPC a base de reducir los tipos de interés. Pero ya ha llegado al mínimo. Desde hace dos años, el tipo de interés es del 0%. Es la barrera. Que ya ha sido superada por el euríbor, sin que ello haya provocado el colapso del universo ni la excomunión de los santos.

La tecnificación y automatización de la economía y la producción va a continuar, incrementando indefinidamente la capacidad y eficiencia productiva, y reduciendo los costes y el impacto medioambiental, con la consiguiente reducción en el precio. Por otro lado, este mismo avance tecnológico va a continuar expulsando personas del mundo productivo, reduciendo así fuentes de ingresos en la población. Un incremento de la producción a menor coste va a ir acompañado de un menor poder adquisitivo. Dos tensiones que van a apuntar ambas en el mismo sentido: disminución de precios.

Los estados podrían actuar sobre uno sólo de los factores, jugando con los impuestos, pero no sobre los dos.

¿A qué escenario nos dirigimos?

Cuando la defensa numantina del 0% sea derrotada, y el tipo del dinero sea negativo, entraremos en una nueva etapa, en la cual muchos de los conceptos actuales habrán quedado desfasados. Pedir dinero prestado supondrá una fuente de ingresos por los intereses que recibiremos. Pero algo habrá que hacer con ese dinero, puesto que si lo ponemos en el banco, nos van a cobrar. Y como será digital, no podrá estar en el colchón o debajo de una piedra. Así, nos veremos obligados a adquirir bienes (contrarrestando así la inflación vía aumento de la demanda).

Pero no todo el mundo podrá obtener un préstamo, Serán necesarios avales. Y esto será de aplicación también a los estados. ¿Qué aval tendrán los estados? Pues su población y la riqueza de ésta. Así, las personas nos convertimos en un bien para el estado, que va a ‘monetizar’ esta población via obtención de préstamos.

Y en un mundo en el que la nacionalidad será producto de consumo, las personas escogeremos nuestro país de pertenencia, en base a los servicios que éste ofrezca, y los valores que defienda.

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