La redentora adicción a los videojuegos

Según expertos en ludopatías y consumos abusivos, el uso problemático de videojuegos se situaría entre el 15% y el 40% de la población, y la adicción, entre el 1,5% y el 8%.
Los efectos negativos de la cada vez más extendida adicción a los videojuegos, incluyen entre otros, pérdida de la noción del tiempo, disminución de las relaciones personales, disminución del rendimiento académico, discusiones o problemas familiares, problemas económicos y problemas de salud física.
Es realmente un panorama inquietante, una situación casi de emergencia ante la que es preciso actuar.

En una formación que compartí con Mauricio Wild, uno de los padres de la educación activa, a una pregunta formulada por uno de los asistentes sobre la adicción a las drogas, y sobre cómo la trataban en la escuela libre que Mauricio dirigía, éste ofreció una respuesta que no tiene desperdicio… Simplemente no hacían nada al respecto…
Obviamente, una respuesta así necesita ir acompañana de un mínimo de explicación. Según Mauricio, no hacían nada al respecto porque no era necesario. Para que una adicción se instale en una persona, es necesario un cierto malestar emocional. Por ello, un chaval que crece en un entorno que lo respeta y estimula, ante las drogas, las provará, dirá, ¡Oh! ¡Qué curioso!, y pasará de largo…

Pero en una sociedad entestada en grapar expectativas y exigencias inasumibles a sus miembros (sobre todo a los más jóvenes), el malestar emocional, para alborozo de psiquiatras y laboratorios farmacéuticos, viene de serie.
No es difícil encontrar una relación causal entre este malestar emocional del que hablaba Mauricio, y los distintos casos de abusos de consumos, o de otros problemas y trastornos psicológicos, como los trastornos alimentarios, de aprendizaje o de conducta. De hecho, inconscientemente, ante cualquier comportamiento conflictivo o anómalo, nuestra primera reacción es buscar una causa en el entorno social o en las vivencias del menor.
Así, nos encontramos con que estos abusos constituyen a menudo una vía de escape emocional, y radica aquí su origen. Con lo cual, la estrategia más eficiente sería tratar los problemas emocionales de las y los jóvenes (y de los adultos que les rodean) antes de que estos problemas deriven en conductas autodestructivas. Pero dada la magnitud de una tarea así, la escasez de recursos disponibles, y también incluso la falta de consenso sobre qué hacer para reducir el malestar emocional de la población, nos vemos abocados a tratamientos paliativos, focalizados en sostener y recuperar a los que inevitablemente caen en comportamientos nocivos.
Entonces, entre las distintas adicciones ‘disponibles en el mercado’, la adicción a los videojuegos destaca por su bondad. Es casi tan inofensiva como una florecilla del campo si la comparamos con la adicción a las drogas, o el alcoholismo. Sus consecuencias, aunque graves, son indirectas, no relacionada directamente con el consumo de videojuegos, sino con hábitos asociados (sedentarismo, mala alimentación, falta de ejercicio físico, dedicación excesiva…). Las consecuencias negativas de la adicción a los videojuegos son menores que por ejemplo la adicción al sexo, y más o menos similares a la adicción al estudio o al ejercicio físico o el deporte. Por otro lado, los trastornos de personalidad, alimentarios, de conducta o de aprendizaje, también asociados a estados de malestar emocional, tienen consecuencias más serias.
No es éste el lugar adecuado para exponer las pautas de un tratamiento contra la adicción a los videojuegos, aunque por lo dicho hasta el momento, sí podemos concluir algunas indicaciones.
Obviamente, lo ideal (aunque a menudo utópico), es prevenir el malestar emocional. Es decir, dar importancia a la felicidad y el bienestar de la persona, y proporcionarle herramientas y conocimientos útiles en este sentido. Cuando esta prevención no sea posible, la adicción a los videojuegos constituye un mal menor, incluso en ocasiones un tratamiento paliativo, una especie de coma inducido casero, ante la gravedad de las alternativas existentes. Por ello, es desaconsejable un tratamiento de impacto frontal, que aunque eficicaz al menos aparentemente, puede empujar a la persona a escenarios más peligrosos. Es preferible una estrategia orientada a disminuir los efectos negativos de esta adicción, como son los problemas de salud, económicos o de relaciones personales, toda vez que éstos no están directamente vinculados al consumo en sí (como sí ocurre con los efectos negativos de otras dependencias), mientras se trabaja en mejorar el estado emocional de la persona.

Un pensamiento en “La redentora adicción a los videojuegos”

  1. Hey very nice web site!! Man .. Excellent ..

    Superb .. I’ll bookmark your web site and take
    the feeds additionally? I’m satisfied to search out so many helpful
    information here within the submit, we need develop extra techniques in this
    regard, thank you for sharing. . . . . .

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *