Herramientas para dominar el gasto

Se expone someramente a continuación una relación de conceptos, estrategias y herramientas para el control del gasto, para la concienciación de la responsabilidad que comporta este gasto y la adquisición de propiedades, y para la incorporación progresiva de la eficiencia en el mismo:

Llevar un control de los gastos. Mediante una hoja de cálculo o alguna aplicación de escritorio u online (como fintonic, myvalue o mymoney).

Análisis de la viabilidad de la adquisición (ya sea un bien o un servicio). A parte de su precio, ¿qué otros recursos requiere (tiempo, complementos, fuentes de energía, supervisión adulta, …)? ¿Qué coste tienen estos recursos adicionales?

Visualización de la adquisición. Ejercicio mental a realizar previamente a la adquisición, mediante el cual nos imaginamos a nosotros mismos un tiempo después de la adquisición, y analizamos como nos sentimos, si se han cumplido nuestras expectativas, y si el gasto ha valido la pena.

Buscar alternativas que no tengan coste o que lo tengan inferior. Segunda mano, alternativas de marca blanca, intercambios, compra compartida, etc…

Realizar un análisis a posteriori sobre si se alcanzaron las expectativas con la compra, para valorar si la adquisición fue adecuada.

Consumir lo que se adquiere. Revisar que lo que se adquiere, realmente se consume, se usa.

Inventario de propiedades. Disponer de una relación de los bienes que se posee. Permite disponer de una visión global de nuestras propiedades y de cuál es su valor. También facilita la cesión, el intercambio y la venta de estas propiedades.

Cuidar las propiedades (no gastarlas) para poder intercambiar o vender después.

Tener en cuenta el coste de posesión (espacio que ocupan, limpieza, actualización, mantenimiento, impuestos…) de nuestros bienes, para evitar convertirnos en esclavos de nuestras propiedades.

Conocer el precio como recurso natural, el coste ambiental de lo que adquirimos, y tenerlo en cuenta en el momento de nuestra adquisición.

Coste marginal de los bienes. Es el coste de producir una unidad más de producto. En la sociedad actual, muchísimos bienes tienen un coste marginal cercano a cero. Incluso la energía presenta esta tendencia a medio plazo. A la hora de decidir nuestro consumo, tendremos en cuenta este aspecto.

Reparar. En una sociedad eficiente, la obsolescencia programada no tiene lugar, y los bienes se fabrican para durar, y también para ser fácilmente reparados. Este aspecto debe ser considerado en la decisión de las compras.

Código abierto. No sólo se limita al software. También hardware, dispositivos electrónicos, coches, motos o medicamentos.

Logalización. De la misma forma que la glocalización supone la adaptación del mercado mundial a las características culturales locales, la logalización busca la eficiencia productiva buscando el aprovechamiento de los recursos locales para fabricar los bienes de consumo evitando el tremendo impacto medioambiental que comporta el transporte de materias primas, productos facturados u otros bienes de consumo.

Reducir, reusar y reciclar. ‘Las tres erres del reciclaje’, regla popularizada por la organización Greenpeace constituye una propuesta para desarrollar hábitos de consumo responsable.

Priorizar el acceso sobre la adquisición. El punto clave del consumo es el acceso a un bien determinado, no su propiedad. Si podemos acceder a un bien cuando lo necesitamos, quien es el propietario de dicho bien nos es indiferente.

Conocimiento de redes de compartición de recursos. Igual que los adultos comparten vehículos y viviendas, los niños y adolescentes pueden compartir libros, cómics, juguetes, videojuegos, etc…

Acceso a la economía social. Bancos del tiempo, moneda social, cooperativas, centros de compras, asociaciones, etc…

Alimentación. Ingerir la cantidad adecuada. La obesidad constituye ya una epidemia en la sociedad occidental, y supone, por un lado, un consumo innecesario de alimentos, y por otro, un mayor gasto en sanidad, por las enfermedades y complicaciones de salud asociadas al sobre peso.

Cultura del gasto. Las fiestas y celebraciones en nuestra sociedad están asociadas a gastar. En comidas, en ropa, en regalos, en adornos y decoración… Incluso, en fechas señaladas, se incrementa en gasto en lotería y juegos de azar. Transmitir el hecho de que es posible celebrar y disfrutar de estas ocasiones especiales, sin que por ello sea necesario realizar un dispendio extraordinario.

Competitividad social asociada al gasto y a la propiedad. Vivimos en una sociedad competitiva en la que se transmite este valor desde la más tierna infancia. Competimos en los juegos de mesa, en los deportes, en las relaciones sociales y en el ámbito académico. Y de los resultados de esta competición dependerá nuestra vida futura. Y competimos también en ostentación de bienes propios, competición que se prolonga durante nuestra edad adulta, llevándonos a adquirir bienes de alto coste sin valorar adecuadamente la viabilidad de la compra.

Trabajar también supone un gasto. Trabajar comporta habitualmente los siguientes gastos: desplazamiento hasta el lugar de trabajo, existencia de un lugar de trabajo, consumo energético, consumo de recursos materiales y el consumo del producto de nuestro trabajo. A la hora de ocupar (o de crear, llegado el caso) un puesto de trabajo, tendremos que tener en cuenta el gasto que ese puesto provoca, y desestimarlo o proponer cambios en la operativa, si es conveniente.

Muchas de las propuestas enunciadas se corresponden con aportaciones provenientes de iniciativas de respeto al medio ambiente. Pero el objetivo que se pretende aquí es hacer más fluido (y a ser posible, más rápido) el paso a la futura sociedad de la eficiencia. El objetivo no es, por tanto, el cuidado de nuestro entorno natural de por sí, sino llegar a una sociedad que sí respetará este entorno lo antes posible.

La jaula de oro

La niña quiere mucho a su pajarito. Un ruiseñor silvestre que su padre le regaló por su aniversario. No es un pájaro demasiado colorido. En realidad, es de un gris anodino, bastante vulgar. Pero su padre le había dicho que éstos eran los mejores, los que tenían un canto más sublime. La niña no lo había oído cantar nunca, pero estaba enamorada de sus profundos ojos oscuros, y su imaginación divagaba sobre príncipes encantados en cuerpo de animal y brujas malvadas que lanzaban hechizos diabólicos.

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El tío Mañas

Cuenta mi padre que en una ocasión, cuando aún no había cumplido los diez años, su padre, que vendría a ser mi abuelo, lo mandó al pueblo con dos mulos cargados de carbón.

Mi padre, por aquel entonces un mocoso de nueve años de edad, pero con el tamaño de un niño de seis, al verse al lado de las enormes bestias, con tres sucios sacos de negro carbón cada una sobre su lomo, no pudo evitar sentirse algo turbado.

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El hijo del mundo

Martín se levanta temprano. Se viste y baja a la cocina, donde su padre le sirve un vaso de zumo. Martín dice que le apetecen croissants, con lo que, con decisión, se dirige a la puerta de la vivienda y sale al exterior. Sus padres le oyen bajar las escaleras corriendo, con la vitalidad de sus siete años recién cumplidos. Se miran con complicidad, y se dirigen corriendo a la ventana de la habitación más septentrional de la vivienda, desde la que pueden ver la calle y también el portal del edificio. Sonriendo, observan a Martín alcanzar la acera y lanzarse sin mirar a la calzada por la que circula el intenso tráfico urbano. Seguir leyendo El hijo del mundo

Desvelando el misterio de los niños índigo

En los años 80, en los Estados Unidos, una conocida espiritualista norteamericana de nombre Nancy Ann Tappe, que aplicaba terapias con el color, comenzó a notar que los niños tenían una coloración azul violeta en las capas más exteriores de sus auras, cosa que nunca había visto antes. Intrigada, decidió investigar más profundamente y comenzó a reconocer características comunes en todos estos pequeños. Mayor inteligencia, mayor energía, mayor espiritualidad. Bautizó a esos niños como niños Índigo.

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De pobres y ricos

Los datos económicos sobre la distribución de la riqueza en nuestra sociedad muestran la gran desigualdad existente entre pobres y ricos, dibujándonos una dolorosa y demasiado conocida situación, difícilmente justificable, aunque por repetida ya nos hemos habituado a ella . Que además, en tiempos de crisis, esta elite pudiente esté incrementando su riqueza mientras el resto de la población sufre los rigores de la recesión y de los recortes, no hace más que echar sal a la herida. Los ricos son cada vez más ricos, y los pobres, más pobres. Y nada ni nadie parece ser capaz de detener esa tendencia. Seguir leyendo De pobres y ricos

Reflexiones sobre la educación y la sociedad actuales